No era especialmente emotiva. Quizás por timidez, quizás por temor.
Recibía las cosas y las apreciaba. Pero le era difícil devolver el gesto con un halago.
Pero un día se descubrió haciendo cosas distintas.
El la había buscado para pedirle que le gerenciara el corazón.
“Tu llamada de esta mañana fue un golpe bajo”, escribió antes de declararle: “porque debes saber que tu voz me enamora”.
Siguió tecleando ideas, veloz e impulsivamente como una adolescente:
“Me siento como quién hace dieta y se enfrenta a una torta de chocolate”
“Me encanto oírte, y por ello aún tengo la sonrisa”
El sintió que al menos aquel día había logrado su objetivo: le borró la tristeza que nacía de seguir pensando que hacer con ese hombre que hoy la había llamado.
viernes, 4 de junio de 2010
sábado, 15 de mayo de 2010
Historia 6
Estaba débil.
Trataba de permanecer de pie pero en su mente no podía sostenerse.
Sentía que no valía nada.
No caminaba. Algo lo iba empujando.
Como quien anda en un tren que de desplaza velozmente, veía pasar la vida en el otro lado de la ventana.
En cinco ocasiones volteó a los lados. A la izquierda, a la derecha.
Y en un momento, como aparecen los árboles en la carretera, encontró una mirada.
Creyó que era real.
Imaginó que podía palparse.
Sonrió con sus últimas fuerzas, sólo con la esperanza de preguntar y obtener respuestas.
Y se aferró a la ilusión de que todo era posible.
Mientras, la inercia le seguía llevando.
Trataba de permanecer de pie pero en su mente no podía sostenerse.
Sentía que no valía nada.
No caminaba. Algo lo iba empujando.
Como quien anda en un tren que de desplaza velozmente, veía pasar la vida en el otro lado de la ventana.
En cinco ocasiones volteó a los lados. A la izquierda, a la derecha.
Y en un momento, como aparecen los árboles en la carretera, encontró una mirada.
Creyó que era real.
Imaginó que podía palparse.
Sonrió con sus últimas fuerzas, sólo con la esperanza de preguntar y obtener respuestas.
Y se aferró a la ilusión de que todo era posible.
Mientras, la inercia le seguía llevando.
miércoles, 28 de abril de 2010
Historia 5
Dejó a un lado la tecnología, y como no lo hacía desde hace mucho tiempo tomó una hoja en blanco y un lápiz para escribirle.
“La vida es un experimento donde ninguna variable está controlada.
La vida es un juego que a veces tiene dos canchas, y dura más de 90 minutos. Y no tiene reglas. O quizás esa su única regla: la carencia de todas.
Ayer te dije lo que allá encontraba. Te expliqué porque mi cuerpo tiene dos vidas. Una allá, y otra acá. Cada cierto tiempo cruzo esa frontera. Paso de aquí a allá. Esa línea imaginaria separa los dos lugares donde vivo. Cada uno incompleto; débil, necesitado.
Esquizofrenia puede ser una palabra para describirlo.
Lo que no te dije, era lo que de allá requería.
No lo hice, porque estabas demasiado cerca. No lo hice porque eres una necesidad. No lo hice porque sospecho que no deseas ser simplemente la necesidad de alguien más. No debe estar en tu ecuación de felicidad.
Sin tan solo me dijeras como se resuelve el problema. ¿Será malo pedir que me ayudes?
Para serte honesto, hoy te escribo sin saber porqué.
Me temo que hoy, desde este lado, no tengo que proponerte.
Te escribo y me quedo sin palabras sensatas, y no sé qué hacer para que aparezcan.
Estoy a punto de firmar, y aun no sé si te dije lo que necesitaba que supieras”.
“La vida es un experimento donde ninguna variable está controlada.
La vida es un juego que a veces tiene dos canchas, y dura más de 90 minutos. Y no tiene reglas. O quizás esa su única regla: la carencia de todas.
Ayer te dije lo que allá encontraba. Te expliqué porque mi cuerpo tiene dos vidas. Una allá, y otra acá. Cada cierto tiempo cruzo esa frontera. Paso de aquí a allá. Esa línea imaginaria separa los dos lugares donde vivo. Cada uno incompleto; débil, necesitado.
Esquizofrenia puede ser una palabra para describirlo.
Lo que no te dije, era lo que de allá requería.
No lo hice, porque estabas demasiado cerca. No lo hice porque eres una necesidad. No lo hice porque sospecho que no deseas ser simplemente la necesidad de alguien más. No debe estar en tu ecuación de felicidad.
Sin tan solo me dijeras como se resuelve el problema. ¿Será malo pedir que me ayudes?
Para serte honesto, hoy te escribo sin saber porqué.
Me temo que hoy, desde este lado, no tengo que proponerte.
Te escribo y me quedo sin palabras sensatas, y no sé qué hacer para que aparezcan.
Estoy a punto de firmar, y aun no sé si te dije lo que necesitaba que supieras”.
domingo, 18 de abril de 2010
Historia 4
Mira las fotos. Míralas todas.
¿Acaso vez un rostro triste?
La gente triste no se fotografía.
No, así no es. Lo correcto es decir que la gente nunca aparece triste en las fotos.
Mira tus fotos. Mira como sonríes. Mira cuan cerca estás de él. Sonríes y te aproximas al otro cuerpo, y todos creemos que estás feliz. ¿Estabas feliz?
Mira mis fotos. Mira como sonrío. Mira el abrazo. Mira como la felicidad se confunde con el cielo de la ciudad. Todos creen que estoy feliz. ¿Crees que estoy feliz?
Es así que, en estos tiempos tuyos y en estos tiempos míos, las cámaras captan engaños.
Pero aquí, uno frente al otro, mientras afuera llueve, sin pixeles de por medio, no podemos esconder nuestra tristeza.
¿Acaso vez un rostro triste?
La gente triste no se fotografía.
No, así no es. Lo correcto es decir que la gente nunca aparece triste en las fotos.
Mira tus fotos. Mira como sonríes. Mira cuan cerca estás de él. Sonríes y te aproximas al otro cuerpo, y todos creemos que estás feliz. ¿Estabas feliz?
Mira mis fotos. Mira como sonrío. Mira el abrazo. Mira como la felicidad se confunde con el cielo de la ciudad. Todos creen que estoy feliz. ¿Crees que estoy feliz?
Es así que, en estos tiempos tuyos y en estos tiempos míos, las cámaras captan engaños.
Pero aquí, uno frente al otro, mientras afuera llueve, sin pixeles de por medio, no podemos esconder nuestra tristeza.
viernes, 5 de marzo de 2010
Historia 3
Se sentó frente a ella y dos copas de vino.
Sin dar tiempo a vencer el miedo, le habló mirándole a sus dedos:
"Los besos de una noche parecen fantasmas.
Y aunque te cueste creerlo, a los hombres tambien nos atormentan.
Son sombras que aparecen en el espejo.
A nosotros tambien nos impactan, aunque luego parecieran perderse en el frio de la mañana
Pero es mentira, tienen la mala maña de quedarse en el recuerdo
Cuando no nos torturan, algunas veces se comportan generosos y sólo quedan para sorprendernos.
He visto sonrisas detrás de esas visitas.
Por eso no que me quejo de ellos.
Siempre es grato que estén allí.
Cuando no estás, porque no te encuentras conmigo o cuando tu ojos me vean pero te sienta distante, invito a esos besos a mezclarse con vino tinto.
Levantó su mirada y concluyó: "algunas veces ellos me traen tus ojos".
Sin dar tiempo a vencer el miedo, le habló mirándole a sus dedos:
"Los besos de una noche parecen fantasmas.
Y aunque te cueste creerlo, a los hombres tambien nos atormentan.
Son sombras que aparecen en el espejo.
A nosotros tambien nos impactan, aunque luego parecieran perderse en el frio de la mañana
Pero es mentira, tienen la mala maña de quedarse en el recuerdo
Cuando no nos torturan, algunas veces se comportan generosos y sólo quedan para sorprendernos.
He visto sonrisas detrás de esas visitas.
Por eso no que me quejo de ellos.
Siempre es grato que estén allí.
Cuando no estás, porque no te encuentras conmigo o cuando tu ojos me vean pero te sienta distante, invito a esos besos a mezclarse con vino tinto.
Levantó su mirada y concluyó: "algunas veces ellos me traen tus ojos".
viernes, 5 de febrero de 2010
Historia 2
Antes de encontrarse con aquello que nunca imaginó, él solía llorar con facilidad.
Las lágrimas significaban sentimiento.
Sentimiento que lo exponían siempre al riesgo.
Y eso fue así hasta el día en que, como los torrentes de lodo y piedra que bajan de las laderas para arrasar pueblos, con un gran estruendo su cerebro fue sacudido detrás de letras que formaban palabras, palabras que formaban frases, frases que formaban felicidades que no eran para él.
Felicidades que eran dolor.
A partir de allí, contrario a lo esperado, se despidió de las lágrimas.
Era algo distinto y curioso.
El había perdido las ganas de llorar.
Las lágrimas significaban sentimiento.
Sentimiento que lo exponían siempre al riesgo.
Y eso fue así hasta el día en que, como los torrentes de lodo y piedra que bajan de las laderas para arrasar pueblos, con un gran estruendo su cerebro fue sacudido detrás de letras que formaban palabras, palabras que formaban frases, frases que formaban felicidades que no eran para él.
Felicidades que eran dolor.
A partir de allí, contrario a lo esperado, se despidió de las lágrimas.
Era algo distinto y curioso.
El había perdido las ganas de llorar.
martes, 2 de febrero de 2010
Historia 1
La escena era su típica escena de un día en el ancianato.
La monja cariñosa limpia el excremento de este viejo saco de huesos que alguien abandonó.
Se habia cagado encima, como lo hacia desde antes de ingresar en este hogar que siempre sintió – merecidamente como una prisión.
"Es una lástima no acabar con la vida antes que ella se nos adelante y nos destruya, pero lentamente", habría pensado el anciano una tarde cuando lo llevaban desde el patio hacia su habitación.
Debían cambiarlo y limpiar su piel.
Olía a excremento y orín.
Se habia cagado y en su interior su rabia era inmensa.
Era la misma rabia que le le tuvo a su madre, a su padre, a su hermana, a todo lo que alguna vez se llamó familia.
Era la misma rabia que hoy tenía a sus despojos encerrados en esta cárcel de buenas monjas.
Era la rabia de no saberse muerto.
Alejandro Luy
La monja cariñosa limpia el excremento de este viejo saco de huesos que alguien abandonó.
Se habia cagado encima, como lo hacia desde antes de ingresar en este hogar que siempre sintió – merecidamente como una prisión.
"Es una lástima no acabar con la vida antes que ella se nos adelante y nos destruya, pero lentamente", habría pensado el anciano una tarde cuando lo llevaban desde el patio hacia su habitación.
Debían cambiarlo y limpiar su piel.
Olía a excremento y orín.
Se habia cagado y en su interior su rabia era inmensa.
Era la misma rabia que le le tuvo a su madre, a su padre, a su hermana, a todo lo que alguna vez se llamó familia.
Era la misma rabia que hoy tenía a sus despojos encerrados en esta cárcel de buenas monjas.
Era la rabia de no saberse muerto.
Alejandro Luy
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